sábado, 7 de febrero de 2009

UNA OBRA MAESTRA

Lejos de desmayar la capacidad de asombro, las reiteradas visitas al Museo del Prado en Madrid, proporcionan siempre renovados descubrimientos y hallazgos inéditos.
En la última que realicé hace menos de un mes, descubrí a Van Dyck, siempre poco favorecido en sus cuadros por la fotografía que yo, sin pena ni gloria, había repasado en ocasiones.
Admirar su pintura en vivo es imprescindible para entender la magnificencia de su arte, la fina erudición clásica de su composición y un trasunto espiritual que le coloca en el parnaso de los genios y le separa de los grandes artistas a secas.
Fotografiada su obra se nos muestra plana, anodina, hábil de dibujo y, tan discreta en su cromatismo, que uno corre el risgo de pasar por alto lo más profundo de su mensaje.
Me removió especialmente por dentro el retrato de su amigo el pintor manco Martin Ryckaert, donde convergen mágicamente el conocimiento psicológico del personaje y la madura capacidad de reflejarlo en el lienzo sin sobresaltos ni alardes.
La mirada del retratado es, en su riqueza de matices, un compendio de vida. La atmósfera que Van Dyck interpone entre Ryckaert y el mundo es la vida misma mordiéndole las ilusiones, las expectativas y los sueños a su amigo. Ryckaert, derrotado ya por las sangrías del tiempo, se desmorona sobre el recio sillón.
Una obra maestra para disfrutar in situ.
http://www.museodelprado.es/pagina-principal/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/zoom/1/obra/el-pintor-martin-ryckaert/oimg/0/